
Cuando el director Enrique Urbizu presentó su película La Caja 507 más de uno nos quedamos noqueados por ese thriller poderoso y desasosegante. Una historia de corrupción y violencia en el paisaje de miseria urbanística y moral de la Costa del Sol. Aparte de la calidad de la película y el estupendo trabajo de actores -se salen Antonio Resines y José Coronado-, es importante destacar lo redondo de un guión que retrata, sin tomar ningún atajo, la terrible situación de pérdida de patrimonio ambiental del litoral de nuesto país.
Esta muralla de cemento y asfalto que está convirtiendo a España en un paisaje feísta e incómodo. Donde los conservadores no tienen ningún interés por conservar (como diría Manuel Rivas) y los progresistas no se sabe hacia donde quieren progresar. Para un acercamiento documentado a esta situación límite puede consultarse algunos de los informes de greenpeace. Y como puede imaginarse ésto es solamente la punta del iceberg. No podemos imaginar cuantos ayuntamiento españoles están planificando, por llamarlo de alguna manera, su urbanismo, no por el interés de la población (ni siquiera por las discutibles razonas del desempleo o la falta de vivienda) sino por el interés lucrativo particular de unos pocos.
Una de los personajes más odiosos de la película es Rafael, un ex policía corrupto y sin escrúpulos, interpretado por Coronado. Éste se mueve como pez en el agua entre mafiosos, empresarios delincuentes, concejales comprados, narcotraficantes... en busca del botín desaparecido. Como
