12 mayo 2008

Homeoplastas


Continúa la edición de la muy interesante colección Vaya timo ! de la editorial Laetoli de la que ya llevan cinco títulos, en los que autores de nivel en el campo de la divulgación científica desmontan algunas de las supercherías más extendidas en nuestra sociedad, tras las cuales casi siempre hay tristes historias de interés económico o de poder.
Uno de los próximos temas de la colección se dedicará a la homeopatía, una de las creencias pseudocientíficas con más predicamento entre la gente, en la que importantes laboratorios europeos se dedican a hacer el agosto vendiendo pastillitas sin ningún principio activo y sin ningún contenido a precio de medicamento. Quién tenga más interés en profundizar puede consultar el informe del Instituto de Salud de Cataluña o el metaanálisis publicado en The Lancet
concluyendo la falta de efecto terapeútico de estas prácticas.
También es muy recomendable seguir los artículos de Miguel Angel Sabadell en su sección Ciencia de Pega en el periódico Público, del que no puedo dejar de reproducir aquí este certero análisis sobre la homeopatía publicado hace algunas semanas. No tiene desperdicio.

Azúcar por medicina

CIENCIA DE PEGA// MIGUEL ÁNGEL SABADELL

No me lo puedo creer. El Ministerio de Sanidad exige a las empresas de preparados homeopáticos que empiecen a parecerse a las farmacéuticas de verdad. Aunque, claro, comienza por donde todo gobierno hace: pidiendo dinero en forma de tasas.
La industria homeopática, por sus intereses pecuniarios, ha puesto el grito en el cielo. Muchos defensores de esos anisetes acusan a la industria farmacéutica, la de verdad, de estar detrás de la campaña para eliminar la competencia.
Pero lo que es de chiste es que el Ministerio pida a la industria homeopática que diga si dispone de ensayos clínicos, además de que indique la composición cualitativa y cuantitativa de sus bolitas de azúcar. Y los homeópatas responden que no están teniendo en cuenta la especificidad de sus medicamentos.
Dicho en román paladino: con la ley en la mano un remedio homeopático no tiene que demostrar eficacia, ni tener indicación terapéutica, ni demostrar cómo se asimila/elimina del organismo, ni tiene porqué presentar ensayos clínicos que lo avalen. Y se vende como medicina. Así, tienen el mismo valor médico que el agua de Lourdes, solo que de venta en farmacias. Esto es lo que quieren decir los homeópatas cuando hablan de especificidad.
Su ‘lobby’ consiguió que la UE diera luz verde a la distribución de sus anisetes saltándose toda metodología y controles científicos: la famosa Medicina Basada en la Evidencia no se les aplica. Si usted compra, por ejemplo, el preparado contra la gripe –una dilución extrema de hígado de pato– y después lo lleva a analizar, descubrirá que lo que ha comprado por 4 o 12 euros, depende de la marca, es puro azúcar.
La inocuidad de estos medicamentos es absoluta: llevo varios años suicidándome públicamente tomando un o dos frascos enteros ¡de golpe! Sólo sirven para endulzar el café.Para justificarse, los homeópatas usan tres argumentos, a cual más increíble. Uno es absolutamente pseudocientífico: el agua, el alcohol y el azúcar tienen memoria selectiva, pues mediante un pase de magia la sustancia activa –y sólo ella– les pasa sus propiedades curativas al agitarlos juntos en una coctelera. El segundo es el argumento de la Santísima Trinidad: como no hay forma de entenderlo lo dejan sin resolver y buscan refugio en la mística oscuridad de la ciencia futura. El tercero es el argumento del curandero: a mí me funciona. Así el homeópata es indistinguible de videntes, astrólogos y quiromantes. Muy revelador.

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